Intimidad

Cuando nos enredamos a través de las redes

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Por: Ivannia Miranda / Estudiante de Comunicación Social

El internet llegó a modificar nuestra forma de comunicarnos, provocando que las relaciones hayan variado significativamente; por esta razón, ha aumentado el número de personas que decidieron iniciar una relación con otra que conocieron primero por las redes sociales. Dicha situación, me llevó a la pregunta ¿Sentimos lo mismo al enamorarnos a través de las redes sociales, que cuando sucede en persona?

Por naturaleza, somos seres sociables que necesitamos tener relaciones significativas y trascendentes, las cuales muchas veces nos inducen a enamorarnos por aproximación y por el deseo de cubrir un vacío amoroso de carácter existencial. Cuando nos presentan por primera vez a una persona, sólo en cuestión de segundos, podemos empezar a sentir atracción física por ella y por tal razón, desde ese momento la comenzamos a idealizar y la convertimos en alguien especial para nosotros; por ende, enfocamos nuestra atención en ella porque sentimos la necesidad de tener un mayor contacto con esa persona.

Por otra parte, el flechazo online inicia con el interés de enviarle un mensaje, darle un “me gusta” a su foto o a un comentario que ésta puso, aumentamos el intercambio de mensajes por día, y visitamos constantemente su perfil en busca de información relevante. Aunque el flechazo vaya por canales distintos, el físico sigue siendo omnipresente. Cuando asistimos a una cita, nos arreglamos para gustar más y en redes sociales, sucede lo mismo. Elegimos las fotos que nos hagan ver más seductores y atractivos. En una cita cara a cara nos encontramos en un baile de sincronías en el que tiene mucho que ver el cuerpo; sin embargo, en redes sociales, no está presente el lenguaje no verbal y no existe el inevitable “miedo escénico” de los encuentros presenciales. Por esta razón es sorprendente como en poco tiempo alcanzamos un gran nivel de intimidad a la hora de coquetear. No obstante, la gestualidad interviene en algo que no se puede apreciar en una foto: cómo alguien sonríe, cómo alguien se toca el cabello, su mirada o sus gestos más característicos; y, al faltar dichos elementos esenciales de las relaciones románticas, aunque contemos con emoticones y recientemente con reacciones además del “me gusta”, no se puede comprobar objetivamente hasta que la pareja se conozca en persona, si existe o no un flechazo.

Existen investigaciones que afirman que en una conversación cara a cara, el impacto del mensaje está compuesto por porcentajes. El 7% es verbal, 38% vocal (tono, matices y otras características) y el 55% restante comunica señales y gestos, cada uno de ellos con sus propios significados dependiendo del contexto en que nos encontremos. Por esta razón, hasta que las resonancias magnéticas no midan qué le pasa a nuestro cerebro mientras estamos chateando con esa persona o al contemplar una foto de perfil por primera vez, tendremos que conformarnos con pensar que, en el siglo XXI, es difícil tener claro si sentimos lo mismo al tener un flechazo online o el offline.