Intimidad

¿De qué depende el acto sexual?

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Preguntar de qué depende el deseo sexual es una pregunta tan abierta como la de “¿Por qué dormimos por las noches?” Las razones pueden ser tantas como personas hay en el mundo o estrellas en el firmamento.

Físicamente, los órganos reproductores no están conectados con el cuello, los pechos, los oídos o el cabello; sin embargo, esas son áreas que pueden lograr estimularnos para tener un deseo sexual. ¿Entonces, estimularlos asegura la excitación de ambos? No necesariamente.

Sabemos que la necesidad de tener sexo viene programada en nuestros cerebros al igual que pasa en la mayoría de las especies del mundo animal. Científicamente hablando, los humanos tenemos sexo porque contamos con un instinto de preservación de la especie. Tenemos sexo para procrear otros humanos y así prolongar nuestra raza humana. Pero tener bebés no es la principal razón por la que los humanos tenemos sexo; de hecho, esa razón no se encuentra dentro de la lista de las primeras diez razones.

En este preciso momento, una pareja en algún lado del mundo está teniendo sexo y las probabilidades de que sea por hacer un bebé son extremadamente bajas. Hay varias razones para tener sexo. Puede ser que lo hagamos por cuestiones físicas como recibir placer, curiosidad sexual o atracción.

Se ha probado que el sexo es un relajante muscular y muchas personas lo han buscado para reducir el estrés de sus trabajos o situaciones personales. También puede ser que se trate de razones distintas como el conseguir una meta. Unos buscan tener sexo como una venganza o castigo hacia la pareja con la que tienen un problema. Creen que al romper la barrera de la fidelidad van a dar un escarmiento a la otra persona, aún sin que la otra persona se dé cuenta.

La meta también puede ser la búsqueda de un mejor estatus; tener mayor cantidad de sexo puede volverte más popular, aseguran los adolescentes. También podemos tener sexo con la finalidad de traer a una persona al mundo; y, aunque no es la razón más recurrente, sin duda alguna es la más antigua.

Muchas personas también tienen sexo por razones emocionales. Ya sea que estén enamoradas, se sientan comprometidas a ello o incluso como agradecimiento. En algunos de los peores escenarios se realizan actos sexuales por razones de inseguridad, ya sea que necesiten subir su autoestima, por presión de su pareja o en ocasiones, para evitar que la otra persona vaya a buscar sexo en otro lado.

Hay muchas razones que nos hacen tomar esa decisión, pero la pregunta reside, ¿De qué depende el deseo sexual? Físicamente, los órganos reproductores no están conectados con el cuello, los pechos, los oídos o el cabello; sin embargo, esas son áreas que pueden lograr estimularnos para tener un deseo sexual. ¿Entonces, estimularlos asegura la excitación de ambos? No necesariamente.

En el caso más común de las mujeres, ellas necesitan el ambiente adecuado; y, aunque digan que los hombres sólo necesitan la oportunidad, también es necesario que las circunstancias se den. Lo que sucede es entonces una mezcla de cosas que pasan no en el exterior, sino dentro de nosotros mismos.

El deseo sexual ocurre en la mente. Dentro de nuestro cerebro se despierta una sensación de atracción sexual al vernos expuestos a estímulos. Una foto, olores, sonidos e incluso una suave caricia como la brisa de la playa pueden llegar a desatar un huracán en nuestras mentes.

El deseo no se limita al aspecto físico tampoco. No todas las personas desean el mismo tipo de físico o apariencia. A veces puede ser que la otra persona sea muy inteligente o que tenga una buena química que mezcle bien con la nuestra.

Preguntar de qué depende el deseo sexual es una pregunta tan abierta como la de “¿Por qué dormimos por las noches?” Las razones pueden ser tantas como personas hay en el mundo o estrellas en el firmamento. La razón viene de cada persona. Desde muy adentro. A veces es algo bueno y en otras ocasiones es algún tipo de desviación que hace daño a terceros.

El deseo sexual es algo natural, pero si el tipo de deseo es algo no aceptado por la sociedad en general es algo que debe ser tratado por especialistas. En el pasado, tener deseo sexual era algo que no era muy bien visto por la sociedad. Con el pasar de los años hemos ido descubriendo cómo un deseo sexual saludable trae beneficios anímicos a nuestras vidas y es uno de los pilares que pueden ayudar a sostener una relación.

El sexo es un ritual social de los humanos en los que se busca estar en intimidad. En ese momento estamos buscando conectar con otra persona, sentirnos un mismo ser. No se trata de tener un simple orgasmo, porque si ese fuera el caso, sería mayor el porcentaje de tiempo en que las personas optaran por darse placer ellas mismas. Aún y cuando nos auto-estimulamos, nuestra mente busca a otra persona. Le visualizamos y eso nos hace culminar en un clímax.

Puede ser que como humanos, a pesar de ser una avanzada raza civilizada, aún necesitamos sentirnos apreciados, queridos y cercanos a otros. En una comunidad tan amplia como lo es hoy en día el planeta tierra, las sociedades se han vuelto cada vez más frías. Eso en respuesta, nos hace que busquemos más y más estar junto a alguien más.

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