Salud y Ejercicio

Adiós a la leyenda del box

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Hablar de boxeo quizá no sea tan popular hoy en día, escuchar el nombre de Cassius Clay, mucho menos; pero escuchar el nombre de Muhammad Ali, pone la piel de gallina a cualquier amante del deporte de los puños. El pasado 3 de junio estremeció al mundo con una lamentable noticia. El tres veces campeón de los pesos pesados, Muhammad Ali, dejó este mundo a los 74 años de edad tras ser hospitalizado en Arizona por problemas respiratorios; el boxeador venia luchando por más de una treintena de años con el mal de Parkinson. The Greatest, “El más grande”, era un luchador dentro y fuera del cuadrilátero pues siempre defendió a la comunidad musulmana en los Estados Unidos. En diciembre de 2015 hizo pública su postura defensiva hacia sus compatriotas ya que el candidato republicano Donald Trump, pretende vetar el ingreso de los musulmanes al país de las barras y las estrellas. Inició su carrera cuando apenas tenía 12 años de edad, de la mano de un policía y un entrenador amateur que vio potencial en el joven de raza negra.

Un gimnasio fue su segunda casa y su mejor consolador después de que le robaran su bicicleta. Con una carrera envidiable, Ali se convirtió en un ícono del deporte a nivel mundial; desde muy joven los triunfos llegaron a su vida. A los 18 años fue campeón olímpico en Roma 1960 y, como profesional, se hizo con el título de los pesos pesados 4 años más tarde y el cual recobraría en 1974 ya que le había sido arrebatado por negarse a asistir a la II Guerra Mundial. En 1978 consiguió coronarse nuevamente como campeón y esto lo colocó como el único boxeador en quedarse con la máxima presea de la categoría en tres ocasiones. Subió al cuadrilátero en peleas oficiales 61 veces y consiguió 56 victorias y 5 derrotas. Las peleas que más resaltaron en su carrera fueron contra Joe Frazer a quien enfrentó en más de una ocasión y, el combate con George Foreman que terminó con victoria en ocho asaltos; dicha pelea que se llevó a cabo el 30 de octubre de 1974, quedó marcada con letras doradas en la historia del boxeo como una verdadera lucha de titanes. Ali, más que un deportista, fue un ícono de la sociedad estadounidense que vio en el boxeador un defensor de la equidad y del racismo.

Su postura sobre el servicio militar y lo que vivían los luchadores por la libertad norteamericana, así como también la conversión del Islam, hicieron que los Estados Unidos se polarizaran. Seis guantes dorados, dos guantes nacionales en la Gran Manzana y dos campeonatos norteamericanos, lo posicionaron en lo más alto del deporte mundial y sirvió de gancho para robarse el cariño de los norteamericanos. El pasado 3 de junio Estados Unidos no solo perdió a uno de los mejores deportistas, sino también al mejor balance político de la década de los 80`s y que no luchó por un ideal propio, sino por el de todo un pueblo. Su funeral, llevado a cabo el viernes 10 de junio, en su ciudad natal en Louisville y, el discurso de despedida, a cargo del expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, un momento memorable que trascenderá a través de la historia deportiva a nivel mundial. El combate ha finalizado y lo has ganado. Descansa en paz Muhammad Ali.